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Todos Los Cuentos De Horacio Quiroga

cuentos de horacio quiroga

Estos relatos, cube, «consisten en profundas inmersiones en la realidad humana, hechas por un hombre que ha aprendido al fin a liberar en sí mismo lo trágico, hasta lo horrible». La primera toca temas de la selva; la segunda, de amor, cine y fantasía; y la tercera presenta cuentos que recuerdan su producción para niños. Sobresalen El desierto, Un peón, El síncope blanco y Juan Darién, historias que hasta la fecha es muy común encontrar en antologías de cuentos. Anaconda presenta temáticas variadas, y está dividido de forma similar a El salvaje. La primera parte está conformada por cuentos en los que la naturaleza se presenta como fuerza contraria a los deseos humanos.

  • Ahí, la aparición de Cuentos de amor de locura y de muerte comenzó una etapa de publicaciones que daría a nuestro autor el reconocimiento público en su país.

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Antología De Cuentos Horacio Quiroga

Los espíritus que se entusiasman ante el horror, aquellos que desean sentir cómo se curva la espina dorsal ante lo sobrenatural, vuelven y volverán siempre a los cuentos de Horacio Quiroga. A ese público hay que tenerlo en cuenta siempre, sin embargo, hay otras vertientes en la obra del escritor uruguayo, que Conaculta no ha pasado desapercibidas en la compilaciónHoracio Quiroga. El suicidio, ha estado presenta en la historia de la literatura y uno de sus principales exponentes es sin duda, Horacio Quiroga, cuya vida trágica no quedó al margen de su obra literaria.

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Horacio Quiroga, con no más de veinticinco años, llegó de Salto el 5 de marzo de 1902 para ayudar a su amigo enseñándole el uso del arma de fuego. Héctor Ferrando, hermano de Federico, había comprado por encargo de éste una pistola de dos caños. Quiroga tomó el artefacto con la finalidad de explicar el mecanismo a Federico Ferrando, pues entendía algo de armas de fuego, pero en el momento en que quiso detener el gatillo, éste se accionó escapándose una bala que entró por la boca de su mejor amigo, fue a alojarse directamente en el cerebro y lo mató en cuestión de minutos.

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De hecho, su vida parecería a simple vista un cuento ideado por él mismo, con la acumulación impía de accidentes, infortunios, suicidios y giros macabros del destino. En este ensayo se analiza el cuento «El almohadón de pluma» , donde Horacio Quiroga retoma algunas convenciones de la novela gótica, pero en un ambiente físico diferente del espacio predilecto de los escritores anglosajones. La trama del texto construye una postulación fantástica, pues presenta una realidad inicial acquainted y cognoscible para los personajes, quienes después enfrentan un suceso imposible de aceptar según las coordenadas de su paradigma realista.

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La publicación de sus libros en el periodo de 1917 a 1926 dio a Quiroga gran reconocimiento literario y cierta estabilidad económica, puesto que siempre tuvo dificultades para administrar bien su dinero y constantemente se lamentaba de no percibir lo suficiente mediante la labor de la escritura. Esta nueva generación de escritores, por su tendencia a discriminar lo inmediatamente anterior, negó los méritos literarios de Quiroga, lo que repercutió en el ánimo de los lectores rioplatenses. A partir de entonces, la carrera literaria de Quiroga fue en una sola dirección, hacia abajo, pues nunca logró recuperar el sitio que había ocupado entre el público. En este sentido, la producción novelística del escritor salteño, que inicia en 1908 con Historia de un amor turbio, se distinguirá del resto de su obra, pues en ella trata el tema del amor, pero muy a su manera. Si bien es cierto que esta novela es débil en ciertos aspectos, por otra parte es iluminadora y fascinante por sus implicaciones extraliterarias, pues es hasta cierto punto un retrato del Quiroga más íntimo y fatal.

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Horacio Quiroga nació en Uruguay, pero pasó casi toda su vida en Argentina. Su trabajo literario está considerado como uno de los mayores exponentes del género del relato breve en la literatura hispanoamericana del siglo XX. La vida de Horacio Quiroga parecería materia para sus cuentos, cuyos protagonistas enfrentan un destino adverso, siempre superior a ellos, que los aniquila frente a la mirada inquisitiva, incluso desapasionada, de un narrador implacable. Para este año, los problemas con su mujer se habían acrecentado y ella lo había abandonado. Luego, una rara enfermedad lo obligó a viajar a Buenos Aires, donde se sometió a diversos análisis por espacio de casi dos años. La opinión de Rodríguez Monegal en cuanto a la preeminencia de este libro se debe a una razón muy sencilla, la uniformidad temática.

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También escribió dos novelas y seis novelas breves, además de innumerables artículos críticos sobre diversos asuntos. Entre esta enorme producción literaria encontramos las mismas tendencias de contenido y, aunque su valor literario es irregular, todos los textos ejemplifican el genio de un escritor que vivió en constante tensión interior y que buscó, mediante su obra, dar salida a sus obsesiones más hondamente arraigadas. El escritor uruguayo Horacio Quiroga nació en 1879 y se suicidó en 1937; es recordado por sus cuentos sobre temas extraños, muchos de ellos de gran crueldad, y donde las fuerzas de la naturaleza parecen ser mucho más poderosas que el hombre. Este volumen es un acercamiento a los procedimientos narrativos de este autor y, en específico, a los que dieron origen a sus cuentos; se abordan aspectos poco estudiados y dignos de ser revalorados, especialmente el de orden poético y el de los elementos que permiten definir la estética propia de Quiroga. Sus cuentos eran considerados de «terror rural», pero en forma de historias para niños pobladas de animales que hablan y piensan sin perder las características naturales de su especie.

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«La lectura de sus cuentos no devuelve ninguna sensación de caducidad, sino de plena vigencia -dice Soledad Quereilhac, investigadora y docente-. Hoy en día es más recurrente encontrar escritores de renombre que se valen del esférico, la cancha y la tribuna para crear historias, pero el primero que regateó la crítica, al menos en Latinoamérica, fue Horacio Quiroga, el escritor naturalista y modernista que, tanto en su vida como en sus cuentos, siempre tuvo presente el tema de la muerte. Fue un genial escritor uruguayo, autor de cuentos de terror y relatos fantásticos verdaderamente inolvidables.

En 1910, el escritor compró un terreno y se instaló con su esposa, Ana María Cires (una de sus alumnas de la Escuela Normal, quince años menor que él), en San Ignacio, provincia de Misiones, lugar que pronto empezó a dominar su narrativa. En ese año, animado por la aventura en la selva, Quiroga compró un terreno en el Chaco, a donde se fue a vivir unos meses. Quiso sembrar algodón y hacer negocio con él, pero fracasó porque no fue capaz de explotar a los indios que trabajaban para él, costumbre arraigada en los patrones de la zona. La estancia en el Chaco le hizo despojarse de los aspectos más postizos y exteriores del modernismo, además de que le recordó indudablemente su natal Salto, lugar que permitía a sus habitantes un contacto diario con la naturaleza. El libro atacó sin disimulos y hasta con saña las buenas costumbres y las formalidades y ritos burgueses. La reacción de la crítica fue muy violenta, y Quiroga solamente recibió elogios de su amigo Federico Ferrando y de Raúl Montero Bustamante, mientras que los juicios de Washington Bermúdez Vinagrillo y de Herrera y Reissig fueron lapidarios.

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