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Relatos De Terror En La Literatura Latinoamericana

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Más de 3 décadas antes de que Gilles Lipovetsky escribiera El imperio de lo efímero , Fuentes ya hablaba de incesante necesidad del ser humano moderno por tener siempre lo más nuevo, lo de moda. Tal como lo hizo en el cuento de Los días enmascarados, ‘El que inventó la pólvora’, relato en donde las cosas simplemente se hacen polvo cada vez más pronto. Entre los protagonistas de los ocho cuentos que integran Las voladoras se encuentran una adolescente que ama la sangre, una profesora universitaria que un día se encuentra con la cabeza de su vecina en su jardín, una joven que conserva la dentadura de su padre muerto y una adolescente que sueña con cortarle la lengua a su gemela muda. En concordancia con esta concept, en los libros de Ojeda hay una búsqueda estética y creativa que pasa por la utilización de un lenguaje poético y por la mezcla de géneros. ‘Hay mucha belleza en el horror y mucho horror en la belleza’, sostiene la narradora y poeta. Luego vino un naranja intenso que llenaba el espacio con su perversa ostentación.

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Soñará mundos tan intensos que la voz de una sola de sus aves podría matarte. Soñará que el olvido y la memoria pueden ser actos voluntarios, no agresiones o dádivas del azar. Soñará que veremos con todo el cuerpo, como quería Milton desde la sombra de esos tiernos orbes, los ojos. Soñará un mundo sin la máquina y sin esa doliente máquina, el cuerpo. En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta. Prefirió el goce handbook de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos.

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Zoraida se inclinó para intentar levantarse de la cama, en un gesto que duró tal vez un minuto. Quitó sus manos del esmaltado de su pánico en las rodillas y apoyó una, aferrada a la manta con desesperación. Verificó mil veces que no tenía zapatos, contaba con el silencio de una vida vocacionalmente silenciosa, su propia versión monástica de vida. Ignorando el fuerte dolor del calambre de los pies y el de las piernas y sobre todo, el de su vagina aún joven, logró ponerse en el término de dos minutos y medio de pie.

Shiel, quien plantea en La nube púrpura un mundo donde la humanidad termina casi por extinguirse debido a un fenómeno extraño que es provocado por una expedición al Polo Norte. La influencia de obras como Las aventuras de Arthur Gordon Pym , de Edgar Allan Poe, o La esfinge de las nieves , de Julio Verne, es palpable, lo que llevará a Lovecraft a escribir su famosa novela En las Montañas de la Locura . La ghost story de la época victoriana permitió la aparición de autores como Joseph Sheridan Le Fanu, con sus historias de anticuario, además de la tremenda nouvelle, Carmilla , que jugó ya con elementos de erotismo lésbico, tan poco frecuentes en la época. Lo mismo sucedió con la obra de Henry James, Otra vuelta de tuerca , que aprovecha la ambigüedad de la psicología profunda de una institutriz y un par de niños casi abandonados. Esta situación tan chocante es propia de lo fantástico en la literatura del continente y la podemos observar en bastantes cuentos de Jorge Luis Borges. Se nos habla, con referentes reales, pues los personajes son el mismo Borges y su amigo Bioy Casares, de un artículo incluido en un extraño tomo de la Enciclopedia Británica, que habla sobre Uqbar.

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El género del terror ha sido muy bien explotado en el séptimo arte, sin embargo, muchas de las historias llevadas a la pantalla grande y protagonizadas por vampiros, zombis, hombres lobo y demás criaturas del género terrorífico han abrevado de los libros de autores tan conocidos como Mary Shelley, Stephen King y H. Vampyr es la primera novela de esta autora caleña con ascendencia húngara que estudió homeopatía clásica en Estados Unidos y terminó su tesis en el Quindío. La historia, que empezó a escribir un 31 de octubre, se desarrolla en la Europa del siglo XIX. Su protagonista es una joven que conoce a los vampyr en un internado en Suiza. Los vampiros de Andújar están en medio de una Europa aún sumida en el oscurantismo y conservan lo terrorífico de unos personajes más old school, como Drácula o Erzsébet Báthory.

  • Lo que hace Enríquez —y me parece admirable— es que tiene la valentía de hablar de lo peor de nuestro mundo (feminicidios, trata de personas, pauperización) con franqueza, sin estetizarlo ni romantizarlo.

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El horror más tremebundo no es el de un pueblo que ha mutado a través de relaciones sexuales “infernales” con otras especies, sino la desaparición de niños, de chicas, de gente que sencillamente parece haber sido tragada por un pozo. La literatura del género pareció, por momentos, estar encapsulada en elementos repetitivos. Novelas de Dean Koontz o de Peter Straub que parecían entablar lazos como la obra de King, sin alejarse demasiado de los mismos tópicos. Por supuesto, esto no podía quedarse así, a pesar de las voces que anunciaban la extinción de la literatura de terror.

Este relato es tan certero como inquietante, y presenta un abanico de narraciones que fluctúan entre el horror más mesiánico, como el caso de “Alfredito”, hasta la ciencia ficción más dura, como es el caso de “Nuestro mundo muerto”. “El horror y el miedo de verdad, que vivimos a diario, tienen que ver con la crueldad, con la violencia que ejercemos los unos sobre los otros. Sin embargo, tengo una reticencia a que la literatura en general, no solo mis libros, sea validada solamente por su lectura social. Una novela, un libro de cuentos o uno de poemas no necesita ser útil para ser una obra de arte o que merezca la pena. Hay una intención muy antigua de darle a la escritura, a las artes, una instrumentalización social y creo que es peligroso porque pareciera que solamente se validan a través de lo útiles o no que son para nuestras luchas”, comenta desde Madrid, donde radica actualmente. Otros se inclinan más hacia lo sobrenatural, como “El patio del vecino”, en el que la protagonista, una trabajadora social despedida, se muda con su novio a un departamento sospechosamente costeable en un buen barrio de Buenos Aires.

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El primer libro que llegó a los lectores latinoamericanos fue Las cosas que perdimos en el fuego que desde la portada expresa un gusto por los tópicos de la literatura de terror, con una pintura de Aleksandra Waliszewska que muestra a una mujer loba. Los cuentos de este libro poseen características más cercanas a la larga tradición de la literatura macabra, desde la ghost story de un M. R. James, hasta el gótico de Shirley Jackson, quien parece ser una de las mayores influencias de la autora. “La casa de Adela”, por ejemplo, hunde sus raíces en Reloj de sol , La maldición de Hill House o Siempre hemos vivido en el castillo , todas novelas de la autora californiana. Sin embargo, las historias de Enríquez tienen un manifiesto interés por honrar a autores tan disímiles como Lovecraft o el mismo Stephen King, asimilando el terror en medio de una situación social explicit, de carácter casi costumbrista. El libro abre con “El ojo”, que de cierta manera recuerda a Carrie , del afamado Stephen King, pues muestra la relación entre una madre controladora y su hija.

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Zoraida se resistía mirar a la ventana, pero no podía ignorar a las sombras agigantarse y achicarse horrorosamente oscuras y simbólicas, algunas aguadas en tinta china y otras densas como acrílico, olorosas a plumas carbonizadas que se le arrancaron a la espantosa bestia del cielo. Dos instantes antes de cualquier otro instante, repentinamente las mujeres comenzaron a respirar violentamente, sin compasión de sí hicieron de sus rostros montones de ojos, para escudriñar una sombra feroz que se avecinaba. Esta period una técnica de supervivencia aprendida desde la inmensa eternidad que se interponía entre ellas y su último momento feliz, la historia de su niñez, el entrenamiento clásico de quien en toda su vida no debe dormir nunca sosegadamente. La cama no aliviaba los recuerdos, ahora period ese espacio que se ahuecaba para enterrarlas en el insoportable segundo, tras aquel determinado segundo, tras otro segundo menos soportable que el anterior, en la suma absoluta de todos los segundos que disipaban cualquier esperanza. Noemí saca una mano de juguete de su palacio de lana, tratando de alcanzar a Zoraida pero no lo consigue, desde el borde de la cama no podrá tocar a Zoraida si no intenta por lo menos, una maniobra que le permita movilizar todo el cuerpo hacia ella.

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