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El Horror Y El Miedo Verdaderos Tienen Que Ver Con La Crueldad Y La Violencia

cuentos latinoamericanos de terror

A diferencia de Ojeda, quien presenta la violencia como un leitmotiv poderoso (y en su última obra la cosmovisión ecuatoriana y regional), Solange Rodríguez se adentra en los relatos de personajes que sufren desde dentro, sin aspavientos, pero que se enfrentan a lo indecible. Esto sucede en libros como La bondad de los extraños (Ediciones Antropófago, 2014) y el más reciente La primera vez que vi un fantasma . Sin embargo, la prosa lírica de Ojeda, más la creación de cuentos donde la trama no es tan importante como la estructura y la posición de ciertas frases en ella, buscan con mayor fuerza la experimentación de sensaciones, de lo que se manifiesta en el yo lírico, tan propio de la poesía.

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En el proverbio alemán la mujer es sinónimo de Küche, Kinder, Kirche. Yo anduve extraviada en aulas, en calles, en oficinas, en cafés; desperdiciada en destrezas que ahora he de olvidar para adquirir otras. El maestro de los relatos, Julio Cortázar, cuenta la anécdota de un joven que es arrollado en su motocicleta. Fuera de peligro y en recuperación empieza a tener pesadillas en donde es un ser de otro tiempo, perseguido como bestia. Lo que parece inexplicable es el desdoblamiento, la persistencia de las imágenes funestas y el destino.

Relatos De Terror En La Literatura Latinoamericana

Por el contrario, Cruz Niño venía de una formación antropológica de investigación, que de cierto modo fue lo que alimentó su interés por la ficción de terror, en parte gracias a su libro. Por un momento, el lector incluso entiende que las mujeres tienen ciertas categorías, como en las “piezas cárnicas” de la novela de Bazterrica. Además, el juego de la reproducción, la sexualidad y la sensualidad morbosa, juegan un aspecto terrorífico en una distopía que recuerda a la guerra de las Malvinas. 2016 marcaba el inicio de una explosión de literatura macabra escrita tanto por mujeres como por hombres. Sin embargo, y esto llamó la atención de todo el mundo, la mayoría de las obras interesantes que surgían de aquí provenían de la pluma de escritoras.

Sin embargo, los cuentos de esta colección que más me impactan son aquéllos en los que lo imposible forma parte de lo mundano y el horror va más allá de lo desconocido. En éstos, Mariana Enríquez permite contrastar nuestro temor frente a lo inverosímil y frente a lo que forma parte de nuestro mundo. Queda claro que no es necesario tener monstruos para quitarnos el sueño; basta, por ejemplo, con ir a cualquier puesto de revistas y ver las notas rojas. Lo que hace Enríquez —y me parece admirable— es que tiene la valentía de hablar de lo peor de nuestro mundo (feminicidios, trata de personas, pauperización) con franqueza, sin estetizarlo ni romantizarlo.

Así que, si bien no existe una particularidad de lo “latinoamericano”, se puede notar un impulso narrativo specific, que conlleva la recreación de ciertas semiósferas, así como de tradiciones no necesariamente nacionales, que exploran los ámbitos del propio país, el territorio geográfico sino también personal, sexual, de género . Abundando en tantas propuestas como estilos que abordan de una u otra manera las temáticas macabras, oscuras o de terror, me pregunto si existirá alguna conclusión a la que llegar respecto al estilo que está creciendo en Latinoamérica. En este tenor, pero de manera más acompasada, Bibiana Camacho (Ciudad de México, 1974) escribe relatos cargados de una sonoridad, de una melancolía tal que rompen el corazón, incluso cuando sus aproximaciones son mucho más oscuras como “El videojuego”, “¿Qué estás soñando?

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Más allá de sus gustos particulares por otros géneros, siempre hay espacio para una historia de terror. Aquí presentamos una selección de trece clásicos de la literatura de terror. Los relatos presentados en Haunted Latinoamérica son 100 percent reales, según ha aclarado Netflix, y se presentan con toda su complejidad psicológica y paranormal, aunque resulten realmente perturbadores.

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Quiroga fue un narrador uruguayo que vivió la mayoría de sus días en Argentina. Se le considera uno de los cuentistas latinoamericanos más relevantes de todos los tiempos. Su obra se sitúa entre el declive del modernismo y la ola de las vanguardias. La luz del día se llevó el terror nocturno como un remedio pure, pero al llegar la oscuridad, no sabía si podría soportar nuevamente el terror que ese libro me había causado.

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En un camino que también explora el gótico, desde lo fantástico y desde la violencia, la obra de Magdalena López (Ciudad de México, 1992), retoma el sueño y lo fantasmal en Insomnes . El cuerpo es para ella, una presencia amenazante, sangrienta, cercana a las propuestas delslasher, como en “Autoexploración”, homenaje al más puro cine de terror ochentero. La historia, aunque pierde fuerza conforme avanza, y se resuelve en unas cuantas páginas, juega con el vampirismo para hablar de lo mismo que hablaba Drácula, del deseo femenino visto desde el escrúpulo de la ethical imperante, del miedo cerval que los hombres le tienen a una mujer liberada. De una manera más apegada a las reglas del horror y de lo gótico, principalmente, Adriana Díaz Enciso , publicó en 2001 La sed (Ediciones Colibrí, 2001), un homenaje claro a la novela de vampiros, especialmente a la de tipo victoriana, recargada, sin la ligereza de Le Fanu ni la originalidad de Stoker. En cambio, lo suyo se acerca a la novela de vampiros de Anne Rice, sin que toque las venas discursivas más modernas de la obra.

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Era una cosa tan maravillosa e in imaginada, period un shade sólo para ese momento arrogante. La casa no estaría desordenada mañana, simplemente no estaría, Zoraida intentó tranquilizarse. Zoraida sintió su pecho irse hacia delante, mientras adentro de sí, sus criaturas empujaban para poder escapar de un cuerpo en proceso de disolvencia. El ruido la dobló, sus brazos se fueron violentamente hacia atrás y sus pies se levantaron, su cabeza pendía de su cuello gracias a una debilidad preocupante y su largo cabello campesino, se abrió haciendo el aura de la Guadalupe, llamarada negra, caótica arquitectura de la sombra. La onda golpeaba sus muslos y estos se palmoteaban despavoridos, tratando de agarrarse entre sí, queriendo que nada los separara. Empezando a sentir un gran extrañamiento, se despedían el uno del otro con lágrimas sanguinolentas, mientras los cartílagos de sus rodillas se quebraban agotados como viejas cuerdas de algún instrumento abandonado.

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